| Patentes y salud |
|
/ www.telegrafo.com.ec En el Ecuador, 177 farmacéuticas operan el 87% de productos con ganancias de 720 millones de dólares anuales. Cinco empresas manejan el 61% de fármacos y solo el 10% se distribuye en zonas rurales. Un 80% de la población mundial utiliza las medicinas alternativas y las plantas medicinales ancestrales como tratamientos. Curiosamente, un 25% de medicinas producidas por las farmacéuticas tiene su origen en “descubrimientos” sobre plantas medicinales y hay un 40% en lista de ser aprobadas. El ahorro en este tipo de investigaciones “dirigidas” es inmenso para las farmacéuticas y las regalías no llegan a los dueños del conocimiento ancestral. Se estima que las ganancias de estos nuevos fármacos sobrepasan los 68 mil millones de dólares anuales. El Ecuador gasta alrededor del 2% de su PIB en la compra de medicamentos. El sida y la gripe AH1N1 sirven de ejemplo para visualizar la inequidad de las patentes. Los altos costos de las medicinas para estas enfermedades tornan privativo el acceso a los tratamientos y, al no ser de consumo masivo, aumentan las tasas de muerte. Nuestra Constitución garantiza el derecho público a la salud y la equidad en el acceso a fármacos. El Gobierno ecuatoriano rescata ese derecho con el Decreto 118 que libera las licencias de unos 2.000 medicamentos; facilita así la producción libre de los “inventos” patentados y, en función de la salud colectiva, posibilita el acceso del público a estos productos. Las farmacéuticas ecuatorianas aceptaron el decreto y han dicho que lo hacen por las mismas razones de solidaridad social, aunque en estos casos de liberación obligatoria de patentes, incluso se reconocen regalías a los poseedores de patentes. Esta noticia que recorrió el mundo por los beneficios sociales que conlleva, no ha sido suficientemente ponderada en nuestro país. Cualquier acción del Estado encaminada a la protección de la salud debería suscitar el apoyo general. |