Gripe A: ¿Alarmismo o complot farmacéutico?

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03/02/10 - La trama es digna de una novela de Robin Cook, el rey de las intrigas biológicas. Un nuevo virus amenaza a la humanidad. Las autoridades declaran el nivel máximo de alerta pandémica. Los ciudadanos viven atemorizados, se ponen mascarillas, compran kits antigripe, dejan de darse la mano, les asusta viajar, no se besan, huyen de los que estornudan y se preparan para la pérdida de algún ser querido.

Las empresas ponen en marcha planes de contingencia para hacer frente a miles de bajas laborales, y los hospitales intentan planificar el colapso que se les viene encima. Mientras, los gobernantes se visten de héroes y animan a la compra masiva de vacunas, alentados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los laboratorios farmacéuticos se frotan las manos ante este maná –las ventas del Tamiflu de Roche crecen un 400%– y se lanzan a producir vacunas a granel, en algunos casos no suficientemente probadas.

Miles de médicos rechazan vacunarse y, ante la poca incidencia de la gripe, empiezan a lanzar sospechas de que detrás de la alerta se esconden fines lucrativos. Los 15.000 muertos por gripe A son muy inferiores al medio millón de fallecimientos que provoca la gripe común, y están a años luz de los quince millones de muertes que preveía la OMS. En Londres se llegaron a diseñar fosas comunes y depósitos de cadáveres para acoger a las futuras víctimas.

¿Hemos tenido suerte por la escasa virulencia de la pandemia? ¿Se han equivocado todos los gobiernos del mundo, como ya ocurrió con la gripe aviar? ¿Es posible que los expertos de la OMS se pasaran de alarmistas? ¿O quizás este organismo fue víctima de un maquiavélico plan perfectamente diseñado por empresas, políticos y médicos corruptos que sólo buscaban su enriquecimiento?_Robin Cook se quedaría con esta última teoría para su libro, porque resulta más novelesca. Argumentos no le van a faltar dadas las estrechas conexiones entre las farmacéuticas y los expertos de la OMS. De hecho, este organismo se financia en parte con el dinero de los laboratorios, como denunció ayer la Organización Médica Colegial española.

En la novela de Robin Cook, el protagonista es el holandés Albert Osterhaus. El conocido como Mister Flu o Doctor Gripe es el más famoso virólogo del mundo porque detectó el virus de la gripe aviar y el de la gripe A. Como presidente del grupo europeo de trabajo sobre la nueva gripe, Osterhaus fue uno de los principales responsables de que el 11 de junio de 2009 la OMS aterrorizara a todo el planeta al declarar el estado de pandemia, a pesar de que no había datos que lo justificasen. El Parlamento holandés le está investigando porque la cuenta corriente de Osterhaus habría recibido importantes ingresos extra a lo largo del pasado año.

Osterhaus estaría acompañado en la trama por Klaus Stöhr, que era el jefe del departamento epidemiológico de la OMS y que, como tal, diseñó los planes de este organismo contra la gripe. A los pocos meses, Stöhr fichó por la farmacéutica Novartis. Dos de sus compañeros en el comité de vacunación, un inglés y un holandés, recibieron dinero de las Big Pharma, y el conocido virólogo francés Bruno Lina compatibilizaba el seguimiento de la gripe por cuenta de la OMS con el asesoramiento a los laboratorios Baxter, Sanofi, GSK y Novartis. Casualmente también, la directora del supercentro americano para el control y la prevención de epidemias es ahora la responsable de vacunas en Merck.

Otro dato sospechoso es que la OMS modificó la definición de pandemia poco antes de declarar la alarma mundial. Hasta entonces, el nivel 6 –que es el máximo– se reservaba para una enfermedad muy contagiosa y grave, pero en mayo de 2009 se eliminó la exigencia de la gravedad. Con estos nuevos criterios, es posible hasta declarar una pandemia de estornudos.

Los buenos de la novela de Robin Cook serían la monja benedictina Teresa Forcades y el epidemiólogo alemán Wolfgang Wodarg, presidente de la Comisión de Salud de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. A la afable médica Forcades le llovieron las críticas cuando, a través de un vídeo en Internet, denunció que la campaña de vacunación contra la gripe A era desproporcionada y que podría perjudicar a la salud de los ciudadanos sanos. Fue vapuleada por las autoridades y por los medios de comunicación, pero su mensaje sirvió para que se empezara a cuestionar el papel de la OMS y la influencia que en sus decisiones tienen las farmacéuticas.

Wodarg ha ido más allá y ha conseguido que el Parlamento europeo critique a la OMS por su gestión de la gripe, aunque parece misión imposible llegar a aclarar las supuestas presiones de la industria. Es necesario depurar responsabilidades y esclarecer las acusaciones de corrupción porque el descrédito de la OMS resulta muy peligroso, sobre todo de cara a futuras crisis sanitarias. Porque seguro que habrá otras gripes. No valdrán las vacunas que tenemos –sólo en España han sobrado 11 millones de dosis– porque la gripe B vendrá de la mano de un nuevo virus. Los países tendrán que volver a invertir 4.000 millones de euros en comprar vacunas y se repetirán las sospechas. No demos más argumentos reales a Robin Cook.

 


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